La imagen de Roberto Cavada ha quedado, sin duda, lastimada
por la ligereza en que incurrió durante el programa especial de transmisión del
proceso electoral a través de Telesistema.
Imperdonable que una figura que se ha convertido en un
estandarte en las noticias con su estilo ágil, desenfadado, ligero, informal.
Un comunicador que ha logrado tanta empatía con la teleaudiencia, cayera en el
gancho de abrirle espacio a uno de los partidos contendores para que se
proclamara ganadores violentando un reglamento de la Junta Central Electoral.
Desde anoche, todos los demás canales y programas de
noticias en vez de defenderle,
criticaron su proceder y hasta justificaron el cierre del canal que
dispuso la JCE.
Una pena que Cavada está "cavando" y socavando su
fama, popularidad y proyección al dejarse manipular de la política vernácula,
preñada como se sabe de mentiras y falsedades.
El comunicador que no filtra ni depura todo lo que le llega,
paga un alto precio, poniendo en riesgo su credibilidad y la confianza que él
depositan los dueños de los medios donde trabajan.
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